mi vista se dirige hacia el Oeste,
y allá, en la lejanía,
adivino tu cotidiano existir,
con la tambien reiterada compañía
de alguien que no soy yo.
Y adivino unas manos que te acarician,
y esas caricias,no nacen de mis manos
y la presencia de unos hijos
que no son míos, pero que son tuyos,
y en cuanto tuyos,los sueño míos.
Y con insana frecuencia,
me sorprendo pensando
que quizás, tal vez,
en algún momento de especial melancolía,
eres tú quien piensa,
que soy yo el ausente
que soy yo la envidiable compañía
que anhelas compartir,
que es mi cuerpo
la carne que ansías acariciar,
mi semilla la que deseas engendrar.
Y el tiempo, pasa,
inexorablemente, pasa,
y con el transcurrir, más lento
o más vertiginoso de los días,
nos vamos casi inadvertidamente dándo cuenta
de que, tiempo atrás,
demasiado tiempo ya,
pudimos ser dueños de nuestros destinos,
tuvimos y desaprovechamos la ocasión
de cambiar nuestro entonces presente,
trocándolo en un futuro
que hoy sería compartido,
y del que por siempre estaría desterrado
este sentimiento de vacio,
de ausencia,
en este presente preñado
de insatisfechos deseos,
de besos jamás recibidos,
de abrazos núnca dados,
de humores imposiblemente fusionados,
de frutos utópicamente engendrados,
de incontroladas pasiones
sólo imaginadamente concebidas,
de mil y una locuras sexualmente soñadas,
de surrealistas escenas sólo posibles
con nuestros cuerpos y nuestra única,
e irrepetible, y rica
e inagotable y febril imaginación.
Y sin ningúna esperanza de subvertir
tan esteril presente,
tal páramo de vivencias,
semejante desierto de idealizadas batallas
cuyo único fin habría sido
el sexo por si mismo,
hoy sobrevivimos, ambos,
cada uno en nuestro personal y frio abismo
al que nos precipitamos
con la vana esperanza, de que mañana,
quizás en un mañana más o menos lejano,
el mundo,en un generoso acto de humanidad,
se inmole,
y con este heróico sacrificio,
dé paso a otros hombres, a otras mujeres,
a un nuevo mundo, en el que nosotros,
tu y yo,de nuevo, y con otros cuerpos,
pero con nuestras mismas almas,
podamos acaso optar
a compartir esa vida en común,
que hoy, en este presente
nos está siendo injustamente arrebatada,
con la inexplicable complicidad culposa
de nosotros mismos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario