recuerdos deseosos de haber sido,
imaginadas vivencias,
efimero humo
de los castillos de nuestro intelecto.
Batallas ganadas a un inexistente enemigo.
Conquistados territorios
en ficticias guerras jamás declaradas.
Imposibles amores en los que
el único perdedor es el olvido
que nuestra vanidad transmuta
en equivocado desdén
a nuestro hasta ayer
único y perpetuo amor.
Lluvia de lodo que recibimos
en nuestra impenitente ceguera
como el ansiado maná.
Daga de hielo que tras fundirse
elimina el arma homicida.
Vívido cadaver en infructuosa marcha
hacia la imposible resurrección.
Asfalto sangriento en urbano crimen
de corazón asaeteado
por malvadas indiferencias
producto de erróneas interpretaciones
de nuestro crédulo corazón.
Recuerdos que sólo existen
en la infinita vaguedad
de nuestra cotidiana nada.
Humedas imágenes
sólo recreadas por la idealizada visión
de un corazón desdeñado.
Alquimica mezcla de humores
en el imposible crisol
de los sueños por ser soñados.
Nocturna dama que me ofrece sus favores
en el segundo previo a mi muerte.
Roto cristal que refleja en sus mil pedazos
cada uno de mis mil amores no consumados.
Amigable locura,
hija de cuerdas insatisfechas fantasias.
Mitológica Arpía,
insaciable devoradora
de suicidas corazones
de náufragos amores
en el mar muerto de tu indiferencia.
Rosa azul de acariciantes espinas,
anhelantes de mi desaprovechada sangre.
Carne hambrienta de caricias
en el civilizado páramo
de la anónima multitud.
Cuando decidas amarme,
decidiré que no te amo,
mientras tanto,
amo tu desamor enamorado.
En el rebosante cáliz de tu boca,
ahogaría la lengua que te anhela
y que busca en tu saliva
el salvador veneno que ponga fin
a tan aniquilante infierno.
Tu amor, es audaz,
visionario,
suicida y aniquilador.
Mi amor, es cobarde,
humillado y servil,
inevitable complemento
del tiránico poder
que sobre mi corazón ejerces.
Y por la vieja ventana
que un día decidí reabrir,
me arrojé al vacio
en busca de la niña
que en otra vida
huyó de mi infancia
llevándose consigo
el joven corazón
que un día me perteneció
y que dejó un hueco en mi alma
imposible de llenar
con otros amores que núnca fueron amados.

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