Y ahora que tu ausencia todo lo llena y vacía mi alma,
y adormece mis sentidos,
y ralentiza los latidos de mi abandonado corazón.
Corazón que huerfano del tuyo,
sobrevive recreando momentos por tí ya olvidados
y sin embargo en mí eternamente presentes,
con la pasión que a mí me sobra
y siempre a tí te faltó.
Ausencia poblada de fantasmagóricas figuras
que infinitamente reflejadas
en el espejo de mi soledad
me devuelven la imágen de incontables seres
con un mismo rostro, el mío,
que acentúan con su inexistente presencia
el abismo que separa a nuestras dos voluntades,
la mía, expiando culposamente delitos
ignorantes de haber sido cometidos
mientras la tuya , tal vez,
sólo tal vez, deseando que hubieran existido.
Ausencia,
cotidiana ausencia,
triunfadora de una no declarada guerra
en la que tus ejercitos
armados con la mortal arma de la indiferencia,
han masacrado a mis escasas fuerzas
que tan sólo disponían de su infinito amor,
amor insuficiente para ganar la batalla a tu corazón.
Ausencia negadora de mi libertad
de búsqueda de otro amor
del que liberarme del tuyo.
Amor en una sola dirección, de mí hacia tí,
sin posibilidad de correspondencia.
Amor condenado a enquistarse en si mismo
con la única e incierta probabilidad
de que el tiempo en su infinito y lento transcurrir
no alargue más de lo humanamente necesario
el empinado camino que deba conducir a tu olvido,
olvido por el que ruego
al dios de los abandonados corazones,
para que sin menoscabo de mi cordura,
me permita la plácida existencia
a la que los olvidados por el amor
tenemos sin duda derecho.

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