Materialistas féminas de gélido corazón, siempre emocionalmente desafectas, siempre ladinamente ocultando sus furtivas intenciones de sentimentales desmanes, cuyo oscuro y fin último no es otro, que el ejercicio del innegable poder que sobre el hombre tienen.Victimas ellas también de la inconfesable adicciónal ejercicio de ese poder, que desde siempre y por siempre han hecho valer en provecho de un ignoto fin que incluso ellas mismas ignoran. Ellas, eficaces manipuladoras de masculinas y débiles voluntades. Ellas, versiones femeninas de Gulliver en una Liliput habitada por complacientes hombrecillos deseosos de ser sometidos. Nosotros, condenados reos, perdedores de injusta causa, sometidos al indiferente trato del amor no correspondido. Prisioneros perpetuos en el penal del olvido dónde vagamos los corazones sin derecho al amor. Corazones que en lejanos días apostaron por la insana osadía de enfrentarse a la lógica que la razón dicta y que aconseja a ingenuos enamorados buscar correspondencia en otros corazones mejor predispuestos al mestizaje, en lugar de soñar la locura del imposible amor, y que aún teniendo conciencia plena del fatal destino que el futuro les depara continúan avanzando hacia el profundo acantilado, final previsible para su maltrecho corazón, desde éste instante hermanado a otros corazones igualmente cadáveres en el abismo negro de la igualadora indiferencia que comunmente identifica a ingenuos creyentes de la femenina alma, ocupada ésta en otros amores de los que nosotros marginados estamos. Ellas, que hieren sin pretenderlo, pero sin pretenderlo..........hieren!. Ellas, blindados corazones contra foráneos amores no deseados, y por tanto ignorados, y por igual razón, indiferentemente vejados. Ellas, coleccionistas de sentimientos ajenos, todos pertenecientes al hombre, todos calculadamente cosechados con el abono de la vácua esperanza, a las que esos mismos hombres se aferran, deseando que por una vez, sólo por una vez, sean ellos los elegidos, sean ellos los destinatarios, de la atención y el amor de quien hasta este instante los ha dolorosamente ignorado. Más,.......vaga esperanza es ésta, pués los destinatarios primeros, últimos y exclusivos de su ansiado amor, no han sido ni serán otros que los hijos de su propia carne. Fuera de esa filial figura, el resto de los hombres, sólo existimos en función del uso al que ellas nos quieran destinar, que casi siempre será el de juguetes abandonados tras el inevitable hastío que provoca lo conseguido sin esfuerzo alguno. Nosotros, somos y hemos sido siempre, en nuestra grandísima e ingenua ignorancia, potenciales juguetes rotos.

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