Mi elegida soledad, compañera inseparable de mi desterrada alma, exiliada perpetua del humano acontecer, olvidado equipaje en la estación de la Vida. Liviana carga que el anónimo yo porta en su corazón mil veces herido por miles de otras almas descorazonadas. Mi soledad libremente hermanada a la del aislado Robinsón que no desea más Viernes que seguir siendo él mismo y ¡ Sólo ! ,temiendo el futuro amanecer en que el lejano horizonte le devuelva la imagen de la nave invasora de su preciada y solitaria independencia. Generosa soledad, creadora de paisajes huerfanos de humanidad mal entendida. Soledad preñada de quiméricos sueños de hombres sin cuerpos, de imposibles almas de espíritus afínes en el silencio hermanados. Soledad tantas veces denostada por febriles mentes soñadoras de infinitas masas autocomplacientes en el común objetivo de fundirse en la despersonalizada uniformidad anuladora de utopías posibles forjadas por espíritus librepensadores. Soledad, celosa vigía protectora de intimidades, esposa fiel de profetas sin religión que proclamar, sin dioses que adorar, sin ídolos ante los que humillarse. Soledad, liberadora de indeseables compañías que la diosa Urbanidad con su civilizado flagelo nos impone en el diario transito hacia el cotidiano apocalipsis. Amadísima soledad, refugio intangible de apóstoles del dios del silencio, feroz defensora contra el maligno caos de ciudades colmenas, eficaz antídoto contra discursos generalizantes, bienamada esposa de mi exilio interior.

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