Puedo beberme el embravecido mar,
y aún así, ahogarme en una sóla de tus lágrimas.
Puedo ser vencedor de mil batallas en cruentas guerras,
y aún así, caer fulminado por el insondable azul de tu serena mirada.
Puedo intuir la existencia de otros mundos
en la infinitud del lejano universo,
y aún así, carecer de la necesaria Rosetta
que me facilite la lectura
de los preciados jeroglificos que tu alma atesora,
y que a mi me son injustamente negados.
Puedo seguir el errático vuelo del efímero insecto,
y aún así, ser incapaz de seguir tu del toda
abstracta línea de pensamiento.
Puedo como impenitente lector llenar mi espíritu
con todo el infinito saber de la antigua Alejandría,
y aún así, ser del todo ignorante
de la materia que conforma tus sueños.
Puedo atravesar desiertos en busca de mi ignorada identidad
y aún así, ser lúcidamente consciente de que sólo tú
conoces las intrincadas redes que tejen mi pensamiento ancestral.
Puedo,cual moderno Fausto, y en un ejercicio de entrega absoluta,
vender mi alma al diablo por fundir nuestras lenguas en un beso infinito,
y aún así, tener plena certeza de que te estaría compartiendo con otro.
Puedo sacrificar mi vida por la más justa de las causas,
y aún así, no encontrar causa más justa que morir por ti.
Puedo vivir cien vidas de apacible felicidad,
y aún así, cambiarlas todas por la incierta promesa de una hora a tu lado.
Puedo encarnar todos los papeles
en este gran teatro que es el mundo,
y aún así, quedarme sin aliento
ante el sólo recuerdo de tu voz susurrando en mi oido.
Puedo blindar mi alma
para que nada de lo que acontece en el cotidiano existir
conmueva mi espiritu,
y aún así, sentirme desvalido ante tu momentánea ausencia.
Puedo, en un ataque de irracional locura
incendiar entero el mundo,
y aún así, crear de la nada otro mundo
capaz de albergar tu corazón y el mio
en simbiótica y eterna unión,
en el que el resto de los mortales,
no tendrían en modo alguno cabida.

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